domingo, 20 de diciembre de 2009

pequeños actos revolucionarios

La revolución rusa, la industrial, la francesa...todo eso queda ya muy atrás.



Siempre he pensado que cada uno de nosotros puede revolucionar el mundo si quiere. En su día a día a través de sus actos cotidianos, sus pensamientos, sus emociones, a través de todo lo que tenemos como individuo y nos pertenece sólo a nosotros, aunque esto es solo una manera de hablar pues nada nos pertenece solo a nosotros, cualquier cosa nuestra sea del ámbito que sea pertenece también al resto del mundo, precisamente ahí radica la importancia y la grandeza de esa realidad.

De esta manera "lo nuestro"( lo individual), es decir mi palabra, la tuya, mis acciones, las de cada uno de nosotros acaba impregnando "al resto" (todo lo que hay fuera de nosotros) de uno u otro modo. A su vez lo que nosotros no somos, o sea "el resto" nos impregna con su todo. En definitiva lo individual no es tan individual pues está formado también por lo de fuera y lo de fuera es a su vez modificado constantemente por lo individual llamale palabra de un hombre, risa, acción o llamale rugido, carrera, lluvia, trueno, ola, frío, canción, sueño, o Co2, qué más da todo puede ser individual o universo. Todo posee al mismo tiempo la característica de parte y de todo.

Desde el momento en que nacemos estamos governados por las mismas leyes de las cuales no podemos escapar, el sol sale para todos, si no te alimentas de lo que la tierra te da mueres, y si te tiras de un 15º también mueres, por poner unos ejemplos.

Pero hay cosillas, pequeñas, diminutas, insignificantes, con las que podemos jugar, con las que podemos probar, experimentar que son regalos de nuestra pequeñísima libertad individual. Pero para probar, para jugar hay que librarse de algunos miedos. Yo creo que uno de los miedos más díficiles de vencer es el miedo a no pertenecer a la masa, a la corriente, a lo visto como "lo normal". La facilidad para flotar y navegar con la que nos acoge esa fuerte corriente que rige las costumbres, los pensamientos del mundo que uno vive nos incita a dejarnos arrastrar por ella, no hace falta ni mover los brazos, ni pensar, ni sentir, solo dejarse llevar, eso nos da seguridad, eso nos hace sentir que nos movemos en la verdad. Todo fluye en el curso de un mismo río. Probar a nadar en contra corriente es muy arriesgado pues los que bajan con fuerza te salpican, te golpean con su fuerte caudal y hasta ta agarran del pelo para reconducirte en ese curso bien definido del único río que conocen pues piensan que te has perdido. Si braceas con fuerza en el sentido contrario puedes quedarte pronto sin aliento. Pero eso es probar, eso es jugar a qué hay en el otro sentido del río.

Tengo una amiga de ojos uva moscatel que es profesora de P5 en un colegio al que yo no apuntaría a mi hijo. Cuando recive a sus alumnos por la mañana en clase les da un abrazo a cada uno, después se reunen todos alrededor de una mesa encienden sus velitas se tapan con una tela y cada uno pide un deseo y apaga su velita. A algunos de ellos les tuvo que explicar lo que era un deseo. Si pudieramos escudriñar en esas cabecitas cuando piensan sus deseos veríamos juguetes, películas, paisajes... pero más de uno pediría que su padre no pegue más a su mamá o que encuentre trabajo, o que su mama no grite cuando bebe de esa botella o que su hermano Juan no le pegue cuando se quedan solos...Esa amiga es feliz nadando en contra corriente. En el programa educativo "que toca" no aparece este pequeño ritual, éste se celebra a diario únicamente porque alguien cree en algo y lo lleva a cabo con su esfuerzo y su ilusión más allá de lo que está escrito en un papel, más allá de la pura obligación laboral, esa es mi amiga.

Lo mío no es comparable pero desde hace bastantes años que voy a comprar el pan con mi "bolsa de pan", sí, las de toda la vida, esas de tela, mi abuela las llamaba "talega del pan", pues esa. Cuando rechazaba las bolsas de plástico que me daban las dependientas en las panaderías me
miraban raro, sí, ponían cara como de ¿Mmmmmmmm?, ¿ý ésta de dónde sale?¿cómo que no quiere una bolsa? y me lleva una como las que lleban las viejas.La verdad es que ya no me miran tan raro. Claro ahora está de MODA ser ecologista. Ahora queda más guay.

He citado dos ejemplos pero conozco más gente que nada contra corriente. Esos pequeños actos "contracorriente" cuando se hacen con bondad siempre me han parecido pequeños actos revolucionarios que pueden cambiar el mundo a mejor.

1 comentario:

xmemento dijo...

Yo también creo que el miedo a salirse de lo normal es uno de los que más nos condicionan y de los más complicados de vencer por que no queremos sentirnos rechazados por el resto; pero al mismo tiempo haciéndolo nos rechazamos a nosotros mismos, rechazamos nuestra esencia.
Claro que la mayoría que se burlan o miran raro seguramente no sienten esa necesidad (y si no la sienten y así se sienten bien, bien hacen en no salirse de la norma); y supongo que los que la sienten y la ignoran piensan que ignorarla es un precio pequeño en contrapartida de las
satisfacciones que le proporciona el tener un comportamiento y forma de pensar "normal".

Pero estos pequeños actos revolucionarios aunque puedan parecer insignificantes comparados con otros de más envergadura creo que son primordiales: a nivel individual, el que los lleva a cabo apuesta por su personalidad (y hoy en día cada vez se tiende más a perder la personalidad y con ella la esencia de uno mismo a cambio de la comodidad); por que significa que no se conforma en aceptar las cosas por que sí, y es bueno cuestionarse las cosas; y sobretodo por que es consecuente con su esencia y eso es algo muy satisfactorio por que además solo tenemos una vida y el tiempo pasa inevitablemente, con lo que pensar "ya lo haré mañana" cuando sientes que eso es lo que deseas hacer es desperdiciarla.
A nivel social estos pequeños actos en su conjunto acaban dando una prespectiva diferente, o varias, de como puede entenderse el mundo y ofrecen a los demás la oportunidad de conocerlas, interesarse y hacerlas suyas si a si lo sienten.