Bella de dia es el nombre de un arbusto y también de su flor, que también se llama campanilla.
También es el título elegido por Buñuel para una de sus películas. Protagonizada por la Deneuve en 1967, el año en que yo nací.
Hacía mucho tiempo que no había visto esta peli. Recuerdo cuánto me gustó ya la primera vez, siendo aún una niña (antes los niños veíamos este tipo de cine en casa). Ayer volví a ver esta peli maravillosa llena de detalles cercanos a mi propia vida: Buñuel recurrentemente onírico en sus películas me recuerda a algunos de mis escritos, de mis historias escritas, alternando sueño-fantasía con realidad y además me siento profundamente identificada con el personaje de la protagonista, con su complicada psique (no con sus vivencias, ¡claro!)
No sé si es una buena película o no, tengo mis dudas de que Catherine Deneuve haga un papelazo en esta ocasión, y en general no entiendo de cine pero el film me parece maravilloso con todo; con sus defectos y carencias y con sus virtudes. Es una de las pelis (entre otras muchas) que me dejan pegada al sofá hasta que se acaba casi sin parpadear. Es el tipo de películas que más me gusta: extraña y simple a la vez, sugerente, un tanto surrealista, profundizando (sin profundizar en la psicología de los personajes). Me encanta. Os la recomiendo.
Hay una escena preciosa, mi favorita, en la cual Severine (K. Deneuve) pasea con su esposo felizmente por la playa pero es incapaz de expresarle lo que siente y piensa porque ni ella misma entiende su complicado espíritu. Buñuel se sirve en esta ocasión de la voz en off del personaje para completar y enriquecer esa escena que, sin este toque de profundidad tendría otra lectura mucho más simplona.
Creo que todas las mujeres somos un poco Severine (K. Deneuve).
También creo que muchos traumas infantiles no superados pueden derivar de adultos en conflictos internos graves.
Y me alegro de que pasaran esta peli (en la cual había pensado en muchas ocasiones sin recordar el título) por televisión (pues me ayuda a comprenderme más a mí misma.
sábado, 6 de diciembre de 2008
sábado, 4 de octubre de 2008
leyendo gente II
Mis pies molidos. Hambre. Cansancio. ¡Qué bien, un asiento libre!.
Hecho el trasbordo, aún quedan siete estaciomes hasta casa. Me da tiempo de leer...al menos tres, cuatro páginas; aunque me acabo de dar cuenta de que... no será fácil.
Frente a mí, ocupando los cuatro asientos consecutivos: cuatro miembros de una familia de raza gitana; (con eso lo digo todo).
La lectura puede esperar. Este libro estará en mi bolso muchos más días pero a este "pak" que tengo aquí delante no me lo encontraré posiblemente nunca más.
Madre gorda, de negro. Al lado: hija gorda, joven, lozana, descarada y vergonzosa a la vez. En tercer lugar otra hija muy gorda, más gorda, más culo, más tetas, más ceñida, si cabe, más de todo. Y en el último asiento ¿el novio de la tercera?, ¿un hermano?, ¿otro familiar?...¡va! un primo. Sí, también gordo.(¿Qué comerán para conseguir esto?, de pequeños son todos flacuchos...y luego...). Éste, zapatos de punta blancos, con cordones (¿dónde se comprarán esos zapatos blancos?). Joven. No creo que llegue a los 30 pero sus ojos reflejan sólo 20. Posiblemente se quedará ahí hasta que cumpla 60 y esté jartito de sufrir, lleve una camisa negra, un bastón y muchas ojeras de raza gitana.
Bueno, ¿cuándo van a empezar a pegar palmas mientras los demás les miremos con la misma "cara de metro" que llevamos ahora, osea esforzandonos por demostrar indiferencia absoluta o desprecio ante su "jaleo"?.
Nada, que estos no son de palmas.
¡Ahhhh!... vale, ahora lo pillo: estos son de risotadillas, de codazos, de ahora te doy yo y ahora tú, de ¡chateeeeeeeee pallááááááááá!!, de ¡jodííííííííío, chatééé túúúúúú´!!!, de ¡Anda!, de ¡venga!, de ¡dale!, de ¡toma!, de ¡Chooooolo!, de ¡Reeeeeme!, de jajaja, de jojojo, de tos pa la derecha y ahora de tos pa la izquierda, hasta la vieja, cuya risa escapa como si de una pelota pitona se tratara.
¡Qué algarabía!, ¡qué colorido!, ¡qué jolgorio! en tan poco espacio y con tantos quilos tan apretados. No hacen falta palmas. Esto es más divertido. Se me va a contagiar la risa. No, no, por favor, eso no. Pero...creo que ya me lo han notado, por eso se animan aún más, como un crío al que le das juego y luego quiere más y más y no puede parar. Ay, que me río, ay, que me río.
¡Cuántos mundos!
Ey, que me paso!!
Hecho el trasbordo, aún quedan siete estaciomes hasta casa. Me da tiempo de leer...al menos tres, cuatro páginas; aunque me acabo de dar cuenta de que... no será fácil.
Frente a mí, ocupando los cuatro asientos consecutivos: cuatro miembros de una familia de raza gitana; (con eso lo digo todo).
La lectura puede esperar. Este libro estará en mi bolso muchos más días pero a este "pak" que tengo aquí delante no me lo encontraré posiblemente nunca más.
Madre gorda, de negro. Al lado: hija gorda, joven, lozana, descarada y vergonzosa a la vez. En tercer lugar otra hija muy gorda, más gorda, más culo, más tetas, más ceñida, si cabe, más de todo. Y en el último asiento ¿el novio de la tercera?, ¿un hermano?, ¿otro familiar?...¡va! un primo. Sí, también gordo.(¿Qué comerán para conseguir esto?, de pequeños son todos flacuchos...y luego...). Éste, zapatos de punta blancos, con cordones (¿dónde se comprarán esos zapatos blancos?). Joven. No creo que llegue a los 30 pero sus ojos reflejan sólo 20. Posiblemente se quedará ahí hasta que cumpla 60 y esté jartito de sufrir, lleve una camisa negra, un bastón y muchas ojeras de raza gitana.
Bueno, ¿cuándo van a empezar a pegar palmas mientras los demás les miremos con la misma "cara de metro" que llevamos ahora, osea esforzandonos por demostrar indiferencia absoluta o desprecio ante su "jaleo"?.
Nada, que estos no son de palmas.
¡Ahhhh!... vale, ahora lo pillo: estos son de risotadillas, de codazos, de ahora te doy yo y ahora tú, de ¡chateeeeeeeee pallááááááááá!!, de ¡jodííííííííío, chatééé túúúúúú´!!!, de ¡Anda!, de ¡venga!, de ¡dale!, de ¡toma!, de ¡Chooooolo!, de ¡Reeeeeme!, de jajaja, de jojojo, de tos pa la derecha y ahora de tos pa la izquierda, hasta la vieja, cuya risa escapa como si de una pelota pitona se tratara.
¡Qué algarabía!, ¡qué colorido!, ¡qué jolgorio! en tan poco espacio y con tantos quilos tan apretados. No hacen falta palmas. Esto es más divertido. Se me va a contagiar la risa. No, no, por favor, eso no. Pero...creo que ya me lo han notado, por eso se animan aún más, como un crío al que le das juego y luego quiere más y más y no puede parar. Ay, que me río, ay, que me río.
¡Cuántos mundos!
Ey, que me paso!!
viernes, 26 de septiembre de 2008
Aviones o palomas
En el asiento viejo de un coche viejo.
Entre tacitas de descafeinado negro.
Sobre camas que han visto el cielo.
En oscuras salas donde sus pantallas se llenan de sueños...
En aceras perdidas en el tiempo, donde una niña espera
preguntandole al viento por los misterios del amor,
que se dibuja en el cielo en blanco y negro.
En las Vegas los yates explotan
porque el mar ha llegado hasta el estado de Nevada
y al alzar la vista al cielo
los aviones me parecen palomas.
colage-LX
Entre tacitas de descafeinado negro.
Sobre camas que han visto el cielo.
En oscuras salas donde sus pantallas se llenan de sueños...
En aceras perdidas en el tiempo, donde una niña espera
preguntandole al viento por los misterios del amor,
que se dibuja en el cielo en blanco y negro.
En las Vegas los yates explotan
porque el mar ha llegado hasta el estado de Nevada
y al alzar la vista al cielo
los aviones me parecen palomas.
colage-LX
jueves, 11 de septiembre de 2008
rara sensación
A este blog le falta algo. Bueno, muchas cosillas en realidad. Una foto chula, algún adornillo, un título o nombre del blog decente, musiqueta...bueeeeeeno, poco a poco. Es que no tengo mucho tiempo y además soy bastante patosa para manejarme bien en estas cuestiones internáuticas, aunque siempre hay un alma caritativa que me echa un cable.
Pero, al margen de esto, hay algo...no sé, entre agradable y raro...Cuando lo abro siempre tengo una extraña sensación: lo abro, veo esta foto que me está "retratando" con la Pentax, y realmente me siento "retratada"; es como si yo fuera esa de verdad. Sí, sí, si soy esa, pero...¡NO SOY ESA! ;el pasado ya no existe (aunque existió), por lo tanto ya no somos aquellos que fuimos.
Ni tú, ni yo, ni nadie somos aquellos que vemos en las fotos de nuestra infancia. Aunque pensandolo bien y siguiendo este petardo de axioma filosófico...tampoco somos los que fuimos ayer o sea ayer miércoles, y si nos ponemos así: ni los de hace un minuto. Pero claro con 33 años de diferencia es mucho más defendible esta idea.
De todos modos, y es aquí donde quería llegar, esa extraña sensación de la que hablaba viene dada precisamente por lo contrario: al abrir este blog me siento como esa niña de la foto en blanco y negro. Esa niña permanece en mí. Y cuando me veo ahí me siento "ella" con ganas de contar algo en este blog, con el mismo sueter y el mismo peinado y la misma luz y las mismas ganas.
Pero es que en realidad todos nos sentimos así. Todos seguimos teniendo nueve años. Y diez. Y once. Y doce...¿o no?
Pero, al margen de esto, hay algo...no sé, entre agradable y raro...Cuando lo abro siempre tengo una extraña sensación: lo abro, veo esta foto que me está "retratando" con la Pentax, y realmente me siento "retratada"; es como si yo fuera esa de verdad. Sí, sí, si soy esa, pero...¡NO SOY ESA! ;el pasado ya no existe (aunque existió), por lo tanto ya no somos aquellos que fuimos.
Ni tú, ni yo, ni nadie somos aquellos que vemos en las fotos de nuestra infancia. Aunque pensandolo bien y siguiendo este petardo de axioma filosófico...tampoco somos los que fuimos ayer o sea ayer miércoles, y si nos ponemos así: ni los de hace un minuto. Pero claro con 33 años de diferencia es mucho más defendible esta idea.
De todos modos, y es aquí donde quería llegar, esa extraña sensación de la que hablaba viene dada precisamente por lo contrario: al abrir este blog me siento como esa niña de la foto en blanco y negro. Esa niña permanece en mí. Y cuando me veo ahí me siento "ella" con ganas de contar algo en este blog, con el mismo sueter y el mismo peinado y la misma luz y las mismas ganas.
Pero es que en realidad todos nos sentimos así. Todos seguimos teniendo nueve años. Y diez. Y once. Y doce...¿o no?
miércoles, 10 de septiembre de 2008
leyendo gente I
Me gusta leer en el metro. Aunque hay algo que me gusta aún más hacer en el metro y es intentar traspasar la mirada de la señora de verde; no sólo su mirada, también su vestido, su bolso, sus gafas de sol, que por cierto ¿por qué son de marca?; las punteras de sus zapatos desgastadas?, una pulsera que le "reregaló" su hija un día al volver del restaurante chino?... y en cambio ¿esas gafas de marca??!!, parece que mira a esa niña, le sonríe; ahora mira a la madre de la bebé. Seguro que está pensando que no es una buena madre como lo fue ella. Yo lo pensaría. De hecho lo estoy pensando. ¡Esa madre no ha mirado a su hijita en todo el rato!, y lleva más de diez minutos en este vagón. ¿Cómo se puede estar diez minutos sin mirar una cosa tan preciosa, tan gorda, tan suave, con tantas babitas y tantos oyos en las manos?, no, no, por favor que la mire que le diga algo que la toque, ¡joooder!, nada, que no. Y lo emperifollada que va. La niña tiene una lagrimita juguetenado en un ojo pero no cae por su mejilla, ahí está para darle más brillo y más ternura a su mirada. Claro, para arreglarse y maquillarse tanto seguro que ha tenido a la cría berreando atada en el carro. Total para que luego la miren y remiren los tíos y encima la respeten, que es madre. No media palabra, así la niña no va a hablar hasta que tenga 6 años!!!...Ay, Ay, que la ha mirado, ¡la ha mirado!, ¡la ha mirado!, le beeeesa, ¡la está besuqueando!, Dios menos mal!!! y mira como se ríe la niñita, qué mona y le ha rodado la lagrimilla por...¿por donde?. ¡Bufff!, qué alivio!!!. Qué niña más mona, que madre tan mona.
La señora de verde también se ha quedado tranquila.
La señora de verde también se ha quedado tranquila.
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